24/1/2014

Duda

Un día hicimos del tacto
un ardid minucioso
vislumbramos el reino del
por siempre un día
dudaste tú pobre mortal
y yo pobre mortal no
pude soportarlo.


22/1/2014

Su búsqueda ha arrojado los siguientes resultados:

Algún sentido debe tener esta sed por los demás, por sus encrucijadas y sus salidas. Algún sentido más allá de un remedio a la saciedad de mí misma. Algo más que la distracción de un domingo o la procrastinación de un lunes. Algo debe haber -me digo- todo el que busca busca algo. Todo el que busca busca un sentido.

19/1/2014

En el ombligo

Que me coma el mundo
pues estoy en su ombligo -me dice-
(Y es verdad aquí no gruñen los perros
cuando uno pasa delante de su puerta).

¡Ah el flash mob que te sorprende
en la estación de Copenague o en la Rambla!
Ir descalzo a la universidad para hablar de modernismo
o de la vía de Nagarjuna
bailar entre burbujas y carbón
nadar en jacuzzis de poliestireno
con los pezones abrazando el día.

Pero yo vengo del ombligo de la luna
donde no falta el espectáculo:
el desfile marcial frente al jardín de niños
la pirotecnia en la alameda a las cuatro de la tarde
y el ballet amortajado que adornaba el puente.

¡Estertores de la calle!
¡Notas graves antes del silencio sin aplauso!
No yo no estoy aquí pero de allá no queda nada

acaso un ladrido sin amo,
o un rechinar de puerta que aún pende de la bisagra.

18/1/2014

Ir y venir

Se amarra las agujetas mientras canta con mamá una canción pasada de moda. En su buen humor también se asoma un ligero nerviosismo. Lo observo todo el tiempo mientras va y viene ropa en mano. Lo observo cuando come, cuando abre la ventana, cuando hace esas cosas que nunca observo. Queremos antes de dormir decirnos cosas. Hacemos los últimos arreglos y preparamos la cama. Preparamos, preparamos siempre algo. Es así cada vez. 

Es mejor cuando viene. Cuando viene hay esta certeza simple y dulce: viene a casa. Cuando se va en cambio, aunque conozca el itinerario de memoria, nunca sé a dónde.

15/1/2014

Lo que dijo él

Le escribí cuatro cartas de amor; dos de despedida. En ellas hice con lustrosa ortografía y abrasadora redacción que mis razones, dolor y confusión (en ese orden) tuvieran todas un sentido final y literario. Había una razón ontológica última para mi amor y repentino desamor. La novela de mi vida para descifrar mis desatinos.


Él no es de esos que tienen hablar de lo que sienten para sentir algo. Me escribió 784 cartas sobre temas estrictamente no sentimentales: a dónde iremos a comer hoy, si te han llamado los que iban a llamarte, y qué piensas de mi corbata azul para el concierto del domingo. Nada de amor. Nada de despedida.