20/02/2013

Cardo al sol

La despierta un ruido de tambores. Es su corazón agitado. Se ve en el espejo y se toca el pecho, que se vuelve translúcido. En el lugar del corazón un cardo, con un cerco de espinas. Su mano atraviesa la piel translúcida hasta espinarse con el cardo y aún así lo extrae. Las espinas ceden a un roce de los dedos y el cardo queda suave. A continuación lo aprieta y este se resquebraja, se parte en dos mitades exactas. En una de las mitades hay una pequeña versión de sí misma. Tiene una herida en un costado y está sudando, respirando superficial y rápidamente. Las dos mitades del cardo-corazón siguen latiendo al mismo ritmo. La pequeña versión yace en su mano y ella la observa sin saber qué hacer. Amanece. Ella se mueve por fin y va afuera con la pequeña sobre la palma; la coloca en el resquicio de la ventana donde puede darle el sol. La luz empieza a iluminarlo todo, y a pintar con rayos y sombras escenas de ella y su amante perdido. Cada escena empieza en la oscuridad y se baña poco a poco de luz y de color. La pequeña sonríe y la sangre de su herida deja de fluir. Las imágenes se han transformado en una película que danza alrededor de ellas, las dos versiones asombradas. Ella toma la tira de imágenes y la usa para cubrir el cardo-corazón, tras colocar a la pequeña adentro. Corazón en su lugar, regresa a la cama y duerme. Todo el cuarto está lleno de luz.

02/10/2011

Malik


Conozco a Malik hace mucho tiempo. Es pequeño, rubio y flacuchito; tiene cara alargada y ojos hundidos y pequeños. Bueno, eso parece a primera vista, pero quien lo conoce bien sabe que sus ojos hundidos son inmensos; siempre están diciendo cosas y siempre hablan muy claro.
Hoy, mientras Malik jugaba a la pelota con un amigo, hizo trampa. El amigo había colocado sus zapatos como límite de una portería imaginaria, por la que Malik tenía que meter el balón. Malik no podía meter gol y empezaba a sentirse frustrado (sé perfectamente cómo actúa Malik cuando se siente así: empieza a morderse el labio inferior y a hacer cosas chistosas como hoy que movía la cabeza exageradamente cuando corría a buscar la pelota), así que aprovechó el momento en que el balón cayó demasiado lejos y el amigo fue a buscarlo para hacer más grande la portería imaginaria. Malik recorrió el zapato apenas unos centímetros. Sabía que yo lo estaba viendo y entonces me pidió con los ojos que no lo delatara. Y no lo hice. Yo nunca he delatado a Malik, en parte porque sus faltas no suelen ser mayores, aunque él no lo sepa. Él siempre piensa que sus faltas son muy graves. Por eso habla con los ojos para pedir que lo disculpes o que no lo delates.
Malik es tímido y cree siempre en lo que dicen los demás. Por eso se frustra cuando no mete gol, pues su amigo le repite que es muy malo para el futbol e incluso se sienta bajo la portería imaginaria para demostrarle a Malik que es muy fácil detener sus tiros. Malik piensa que tira mal, aunque su amigo y yo sabemos que no es cierto. Pero Malik no habla conmigo, sólo habla con su amigo, al que sigue en todo lo que propone.
Esta tarde, por ejemplo, Malik y su amigo encontraron a unos jóvenes que jugaban bádminton. Los dos quedaron fascinados por el juego, que nunca habían visto. El bádminton es parecido al tenis, con la excepción de que no se juega con una pelota sino con un “gallito”, que es como una pelota con plumas. Malik y su amigo se quedaron boquiabiertos cuando descubrieron lo rápido que se desplazaba el gallito. Entonces el amigo de Malik tuvo la idea de robar uno de los gallitos. Como él no es muy tímido (no necesita hablar mucho con los ojos), le pidió a Malik que no dijera nada, mientras tomaba el gallito y empezaba a caminar hacia la salida del parque. Malik se puso nervioso, no quería robar el gallito (se lo dijo a su amigo con los ojos, pero el amigo parece no entender este lenguaje). De todos modos no dijo nada y comenzó a caminar. Cuando casi llegaban a la salida, uno de los jugadores les gritó:-¡Devuelvan el gallito! Al amigo no le importó ser descubierto pero los ojos de Malik decían que estaba muy avergonzado. Cuando me miró, le sonreí amablemente. Malik sabía que todo estaba bien, que callarse con la boca no lo hacía necesariamente malo.

Hoy vi a Malik por primera vez. Estaba en el parque jugando a la pelota con un amigo. Lo reconocí de inmediato.


(2011)

30/09/2011

El encuentro

Se concentró en la figura ajena, con ese interés de investigación que no le abandonaba. Su compañero, jadeante y sudoroso, parecía experimentar algo extrahumano. Así lo sugerían sus ojos en blanco y sus temblorosos párpados. Se hubiera reído de no ser por que su tórax estaba atrapado bajo el cuerpo de aquel hombre. La carcajada reprimida se transformó entonces una implosión de hiperactividad mental.

Sofocada, y a pesar de que quería capturar cada gesto y cada movimiento frenético de su afanoso acompañante, retiró la mirada. Repasó todo el cuarto con excéntrica agudeza. Por un instante fijó en su mente el color de cada uno de los lápices regados sobre el escritorio, los contornos de los dibujos en la pared, la textura de la mesa y la computadora con sus burdas calcomanías; leyó las etiquetas en las botellas de cerveza con increíble concentración, vio letreros ininteligibles, frases entrecortadas que él había escrito sobre el muro; prestó especial atención a los diversos patrones que dejaba la pintura al escurrir debajo de cada letra; pensó en lo que entrañaría ese grito de guerra sobre la cal; examinó los papeles desordenados, fijándose en las letras que alcanzaban a distinguirse de entre las manchas de tinta, seguramente versos para ella y otras mujeres, novelas fracasadas, tareas escolares inconclusas; serpenteó su mirada por entre los lomos de viejos libros, estudió los títulos en cada lomo, su color y su caligrafía; curioseó entre folders de varios colores y tamaños, con hojas percudidas que se asomaban entre la multitud de papel; contempló las cajas en el suelo, discretamente escondidas bajo un altero de ropa y papeles, las cajas del pasado que él guardaba tan celosamente como si lo delataran con más precisión que su ser presente. Eso era todo: un hombre presente. Volvió la mirada a su compañero sin haber concebido esta respuesta. Se preguntó en cambio quién era ese hombre dispuesto a prodigar mil caricias y halagos para ella, susceptible a perderse así por ella, dentro de ella. Una sonrisa leve barrió la conmoción trepidante en el rostro de su compañero justo cuando ella comenzaba a sentirse culpable de su indiferencia. Una vez más, equivocaba sus reflexiones. No había sido únicamente ella quien había desaparecido de ese instante, perdiendo al otro de vista. Lo cierto es que había estado sola también, sola bajo el pecho de ese buscador de sensaciones que no reclamó jamás su compañía. Había sido aniquilada finalmente con un sonoro extenuante orgasmo que abrió un mundo de distancia entre los dos.
Abrieron los ojos y se buscaron.



(2001)

22/08/2011

Manifiesto

Yo no nací con espíritu aventurero. Las moscas se alegran cuando me ven cerca, leyendo mi libro o preparando mi comida. Los árboles se alegran también cuando me cobijan. Los días se regocijan al verme pasar, tranquilo, con todos mis sueños echados a la siesta bajo el sombrero. Las noches me saludan mientras escribo sin la guía de la luz. Las huellas de otros me reciben como si estuvieran esperándome. Yo las sigo con devoción.

Yo no tengo más camino que el del tiempo y los árboles y las noches y las moscas y los otros. Soy un hueco por el que el mundo entra, como el hilo por el ovillo de la aguja. Yo tejo el tiempo con mi pensamiento de triste bandera mecida por el viento. Yo coso los atardeceres con las sonrisas de los niños y el correr torpe de los cachorros; la brisa marina con el trigo que se mece dorado y sereno a la orilla de la carretera.

Los lugares, los nombres, los momentos...todo lo vivido...retazos que voy hilando y deshilando en el vestido que ha de abrigar a mi muerte silenciosa. Tómalo, úsalo como una insignia de guerra que narre a todos a dónde has ido. Llévame contigo hasta el altar de agua cristalina. Llévame al remanso donde ya espero, donde sigo escribiendo desde la oscuridad.

Llévame sin prisa, llévame amorosa, así como he vivido...sin violencia ni aventura ni atropello. Sentada tranquila a la sombra del mundo, yo también te cobijo.

ΜΥΚHΝΕΣ, 2011